Dos Mundos, una Misma Memoria
Durante mi formación estudié Ciencias de la Información. Ese es también el nombre de mi título: Licenciado en Ciencias de la Información.
La idea, al menos en teoría, era bastante ambiciosa: formarnos para comprender un poco de todo. Bibliotecas, archivos, museos, información, patrimonio…
La formación suele tener una base mucho más fuerte en bibliotecas, algunos elementos relacionados con archivos y, en muchos casos, bastante poco sobre museos.
Muchos terminamos trabajando en bibliotecas.
Con los años he descubierto algo interesante: las bibliotecas y los archivos están mucho más cerca de lo que pensamos.
He tenido la oportunidad de acercarme al trabajo con archivos y, particularmente, los archivos históricos me resultan fascinantes.
Porque allí no basta con saber organizar documentos.
Hay que leer.
Hay que investigar.
Hay que conocer el contexto.
Hay que entender quién produjo ese documento, por qué lo produjo, cuándo lo hizo, qué estaba ocurriendo en ese momento y qué nos está diciendo o incluso qué nos está ocultando.
Un documento histórico puede parecer solamente un documento.
Pero cuando empiezas a conocer su contexto, se convierte en una pieza de una historia mucho más grande.
Y ahí es donde encuentro una conexión enorme con las bibliotecas.
Ambas trabajan con información, con conocimiento, con memoria y con acceso.
Cambian los materiales, cambian las metodologías y cambian algunas de las técnicas, pero existe una preocupación común: hacer que aquello que una sociedad produce y conserva pueda ser encontrado, comprendido y utilizado.
Quizás necesitamos acercar mucho más estos mundos.
Que quienes trabajamos en bibliotecas conozcamos mejor los archivos.
Que quienes trabajan en archivos se acerquen también a las bibliotecas.
Y que la formación en Ciencias de la Información no se quede solamente en decirnos que debemos saber un poco de todo, sino que realmente nos permita comprender las conexiones entre estas áreas.
Porque al final, biblioteca y archivo no son mundos tan distintos.
Son dos maneras de cuidar algo que tenemos en común:
la memoria.
Y quizá esa sea una de las cosas más bonitas de trabajar con información: descubrir que detrás de cada libro, cada documento y cada registro hay mucho más que información.
Hay una historia esperando ser comprendida.
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